Esas cabalgatas de reyes en Almarza….

 La organización

Próximos a las fechas navideñas es mi deseo recrear, con una ligera aproximación, como montábamos hace más de "tres lustros" las cabalgatas de reyes en Almarza.

La organización se hacía por todos los mozos y mozas del pueblo que en mayor y menor medida colaboraban. También sufridas madres que remendaban y prestaban todo su apoyo en los preparativos y organización de la cabalgata. Para todos y todas un afectuoso recuerdo y homenaje.

Unas semanas antes de reyes el Norberto, la Araceli, el Vicente, las catas (Ana y Sandra), el Chesco, y otros mas o menos, incluido el que suscribe, bajábamos a Soria a terminar de comprar las vestimentas y dulces que faltaban (polainas para los pajes, chuches para los niños, etc.). En Soria, hacía tal frío que antes de nada había que tomarse un caldito gallego  (era un bar gallego detrás del Caja Madrid actual). O bien unas cervecitas con acompañamiento. Tras esto comprábamos lo que hiciere falta y para concluir nos hacíamos un garbeo por el tubo a tomarnos unos percebes (cacahuetes en el barecito del espolón), y unas salmueras con su cervecita respectiva.

Debido al empañamiento que, al final de la jornada teníamos muchas veces, nos vimos obligados en una ocasión a coger un taxi para que nos llevara a nuestro coche (lejos aparcado). Recuerdo que uno de los años cogimos un taxi que era limusina (con el consiguiente vacile) dejando constancia de cómo se las gastaban los de Almarza.

 Al llegar al pueblo, de nuevo, dejamos toda la ropa comprada y demás efectos en mi casa, cuartel general unos años. Los días siguientes nos dedicábamos a recoger de diferentes pueblos en derredor, comandas de padres que quisieran regalar el día de la cabalgata, juguetes a sus hijos. En Almarza, Gallinero, San Andrés, El Cubo, Arévalo, hasta Espejo de Tera, etc. Les explicábamos a los padres que los regalos los entregaban los propios reyes magos en el salón del bar de las eras en Almarza y que era muy emocionante: los pajes reales dirían el nombre del niño, éste, subiría al escenario y sería conducido por el paje ante una de sus majestades para que les entregara el regalo que habían deseado. Imagínate, en ese momento la emoción reinante en el salón se cortaba con un cuchillo. Algunos padres nos entregaban ya el regalo, otros el dinero para comprar tal juguete, con lo que nos suponía volver a bajar a Soria a comprar, con el consiguiente recorrido, explicado anteriormente.

 Recuerdo con especial emoción, una visita nocturna por el motivo expuesto a Espejo de Tera. Era una tarde gélida y lluviosa. Llegamos a casa de uno de los vecinos que mas tarde nos dijo que, solo quedaban tres en el pueblo. El hacía las funciones de alcalde por entonces. En su cocina, el Norberto, Araceli y yo tomábamos unos pacharanes caseros que había fabricado el hombre mientras hablábamos de la fiesta que íbamos a organizar por reyes. Ahora, en la actualidad, cuando vuelvo con mis hijos o parientes a visitar Espejo, me quedo estupefacto de cómo lo ví aquella noche y tras muchos años, como está ahora. Me alegro que no se haya perdido el pueblo.

 La noche de Reyes

La noche de la cabalgata efectuábamos todos los preparativos en mi casa. Otras veces anteriores se habían realizado en otros lugares. Mientras se esperaba y se hacían los arreglos de última hora: en el atrezzo real, en el maquillaje de los  reyes y pajes (a cargo de las chicas), en el buscar a alguien que suministrara un carro para llevar a sus majestades en procesión por el pueblo, finalmente en adornar el vehículo conseguido (con unas ramas de árboles, flores, etc). Como decía, mientras estas horas iban pasando sus majestades, un año, el Chesco (Melchor), Rubén (Gaspar) y yo mismo de Baltasar, en compañía de otro mas, jugábamos con los caramelos de los niños unas partiditas de mus. Tomábamos un chocolate caliente, unos coñases, en fin, la noche que nos esperaba era dura y fría.

Una vez preparados los reyes magos con sus capas y coronas de diamantes y los pajes con sus jubones y polainas, subíamos al carro (alguna vez con un fuerte olor a cochinín u oveja) y éramos conducidos a la plaza donde nos esperaba la chiquillería. Desde allí en romería, acompañados por los niños y papas de Almarza y pueblos vecinos íbamos en procesión festiva hasta el salón, donde había si cabe, mas niños y papas esperándonos.

La emoción de la entrada era especial. Las del pueblo se afanaban en hacer comentarios al paso de sus majestades como: “¡Ese es el Rubén!”, “Chesco, chesco” o “¿Quién será el negro que no lo conozco?” a lo que le contestaba otra: “..pues si es el de la Mari, nieto de la canaria”.

La entrega de los regalos, las ovaciones y todo lo que podáis imaginar se daba cita en el salón esa noche. El paje que me acompañaba era Rafa, el boticario. Le llamaba Rafal, que sonaba más oriental.

Acabada la ceremonia sus majestades volvían al carro. Los niños salían en estampida para coger posiciones en la calle ya que venía el momento esperado por ellos: los caramelos.

Hasta barriosuso, pasando por la plaza del pueblo, los niños gritaban: “Caramelos”, “Aquí, Rubén”, “Chesco tira caramelos” y nosotros, incluidos pajes reales, con delicadeza arrojábamos caramelos y chuches a esa turba de niños que se nos metían debajo del carro tan exaltados. Algunos de ellos  no veían recompensados sus gritos con el dulce regalo y nos insultaban. Entonces amigos, lo que era delicadeza en el tirar caramelos se volvía en agresividad real y castigábamos a caramelazo limpio a los blasfemos.

 

La anécdota

Un niño que reprochaba violentamente el que no lanzase unos caramelos en su dirección  enfadó tanto a su majestad Gaspar (Rubén) que éste le espetó: “A tomar por culo”. El niño pequeño palideció y miró a su madre diciéndola que el rey mago había dicho: “A tomar por culo”. La madre rápida, acudió en pos de la aclaración verbal y le dijo a su hijo que lo que había querido decir el rey mago era que después de Almarza: “.. se van al Cubo”.

Fueron las de finales de los 80 mis últimas navidades como rey Baltasar.

Octavio Hermoso. Alicante 2004