(Extracto del libro “Almarza” de Paco Carmona publicado en diciembre de 2007)
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Las transacciones comerciales se efectuaban principalmente en los mercados que se celebraban los sábados de cada semana en la plaza del pueblo y calles adyacentes. Voy a intentar rememorar uno de aquellos días de mercado con añoranzas y recuerdos para tratar de transmitir sus momentos inolvidables.
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Muy de mañana, llegaban al pueblo procedentes de Los Rábanos – pueblo cercano a Soria - los rabanizos. Algunos de ellos, para ser más exacto, lo hacían ya el viernes por la tarde, durmiendo en sus carros con el fin de procurarse un buen sitio para lograr la mejor venta de sus productos. Personajes “rabanizos” eran ya muy conocidos, como la Sra. Sinforosa y su marido el “Tío Farol”, quien llevaba los pantalones carentes de bragueta. |
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Estaban especializados en la venta de verduras en general, cosechadas en sus propios huertos y en particular de llanta –plantón o berza de semillero-, cuya oferta se hacía por cientos: un ciento, dos cientos, tres cientos etc. También vendían cardos, lechugas, cebollas, zanahorias, pimientos, tomates y pepinos, completando así la gama de productos hortícolas que los “rabanizos” ofrecían a sus clientes. |
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Era normal y frecuente encontrar en el mercado gente de los pueblos del contorno, incluso también de tierra de Yangüas. Los vendedores extendían sus mercancías en puestos más o menos organizados, colocados en la plaza alrededor del viejo olmo hoy día desaparecido, y en las calles adyacentes, donde colocaban carros, alforjas, serones o seras, cajas de madera, cunachos y tenderetes, preferentemente colocados frente a la ferretería y almacén de vinos de Martín García y también delante del estanco y confitería atendido por las hermanas Antonia y Manolita muy buenas reposteras de magdalenas, mantecadas, caballitos, pasta flora y caramelos variados, ayudadas en el obrador por Pedro, marido de la segunda. |
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Los comercios en ese día de mercado, vendían también utensilios de ferretería, menaje de cocina, carburo y boquillas para los candiles, tejidos, aperos de labranza, escobas para barrer las eras, horcas para hacinar las mieses, echarlas en el carro, levantar la paja y revolver la parva, dalles o guadañas, zoquetas (especie de guante de madera con el que el segador se resguardaba de los cortes de la hoz en los dedos meñique, anular y corazón de la mano izquierda), hoces, cunachos (especie de cestos tejidos con mimbres, cañas y varillas), que servían para recoger o llevar frutas y objetos. |
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Así transcurría la mañana hasta la hora del almuerzo. Llegado este momento, allá por el mediodía, que era señalado puntualmente por las campanas de la Iglesia, los más “riquillos” o simplemente aquellos que habían vendido o comprado con beneficio, se repartían según sus preferencias, por las casas de comidas, de las cuales y de afamado yantar figuraban por sus especialidades más conocidas la casa de la Sra. Vicenta y la de la Sra. Cecilia “La Gitana” y el Sr. Cirilo con sus afamadas asadurillas, cabecillas, asados de cordero y cochinilla, manitas de cordero, patorrillo, morcillas etc. Rivalizando con las anteriores también tenían fama de buen comer la casa de la Sra. Porfiria y las “Posaderas”: Sr. Paulino y familia. |
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Después del copioso almuerzo, era cita obligada la visita al “café” de las Martas o del Sr. Víctor, este último con piano, que para aquellos tiempos y en un pueblo era un verdadero lujo, disponiendo también de organillo y gramola. En el Café se reunían tanto los mercaderes como los vecinos del propio pueblo, fomentando así la costumbre de los hombres de Almarza de, apenas tomado el último bocado, marcharse seguidamente a tomar café, copa y por qué no una buena “faria” o un cigarro puro, enfrascándose en partidas de naipes como el cien, el guiñote, el subastado y el julepe o también de billar. |
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Especial mención, por ser el más tardío en abandonar el mercado era un personaje singular: el Sr. Alejandro de Segoviela, quien invariablemente hacía el recorrido desde su pueblo a Almarza, a pié o andando, que a él le daba igual, hiciera calor en los días de estiaje o nieve, ventisca, úrgura o cellisca en pleno invierno, donde uno podría creerse transportado a los desiertos de la Tartaria. Alejandro acudía puntual todos los sábados para hacer sus compras o aunque solo fuera para tomar unas cervezas con los amigos. |
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Desde el año 2.001, durante el mes de agosto, la Alcaldesa de Almarza, Dña. Ascensión Pérez Gómez, ha logrado con su iniciativa, entusiasmo y saber hacer, por todo lo que suponga engrandecer al Municipio, que el mercado tradicional de Almarza vuelva a celebrarse –al menos una vez al año-, rememorando sus tradiciones y costumbres con un éxito total en la presentación, aceptación y concurrencia de gentes de las más diversas procedencias. Hasta el 2007, se han venido celebrando estos eventos todos los años. |
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La Alcaldesa, no obstante los embates a los que viene haciendo frente con sabiduría, serenidad y cautela, siempre ofrece realizaciones, recordando las palabras de Marco Antonio en sus Pensamientos “Cuando un niño crece, de nada vale ponerle una tabla por sombrero para que no siga creciendo”. Ella seguirá en su línea ascendente cada vez más y mejor. Se lo merece y se lo gana. |
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PACO CARMONA |