Sabido es que la dignidad y corrección imponen al periódico que sale por vez primera al palenque, enviar un saludo a sus colegas: así nosotros, no ya porque lo exija lo ritual, sino por verdadero gusto, enviamos un saludo, no ya de respeto, sino de leal y desinteresado cariño a la prensa, mirada: no como defensora de ésta o aquella idea política más o menos afines con nuestro ideal, sino considerándola como en si es, bajo el aspecto de digna mensajera que lleva de uno a otro confín el hálito del progreso, trazando con caracteres indelebles la vida más o menos floreciente de los pueblos, censurando los vicios, ensalzando las virtudes y cooperando en suma, bajo mil distintas formas y modos, a conseguir la tan decantada fraternidad humana, como fuente inagotable de ventura, paz y progreso de las naciones.

    Nuestro programa, pues, ya está casi hecho, limitando esta misma acción a las obras llevadas a cabo, dentro de la más

acrisolada honradez, por los ayuntamientos de Almarza y los distintos pueblos que le circundan, anotando al par aquellas otras mejoras locales que miradas hasta hoy como imposibles por su elevado coste, puedan llegar un día a la realidad, mediante la cooperación de multitud de hijos queridos, que esparcidos, cual laboriosas abejas, en busca del sostén que no pudo brindarles el pueblo natal, aportarán, tan pronto se les demande, la cantidad que sin detrimento puedan para endulzar los sinsabores de los que en ruda faena riegan constantemente las pequeñas parcelas (pues llamarlas heredades sería un sarcasmo) y contribuyen con resignada paciencia a levantar el tributo que acaso corresponder debiera a extensos cuan ricos cortijos de Andalucía.

    Si la realidad corona nuestros fines podremos decir con el abate "que el que en este mundo  planta un árbol no fue ya inútil a la sociedad". Así, el día que nosotros consigamos una mejora para nuestro querido Almarza, nos consideraremos dignos hijos suyos y creeremos que no fue inútil nuestro bautismo en aquella sacrosanta pila.